jueves, 21 de diciembre de 2006

Autoconstruir las cogniciones

La constitución del sujeto. Nélida Beatriz Gelroth, Lidia Amanda Lucero y María Cristina Villata
El ser humano se encuentra, desde sus orígenes, inmerso en la compleja trama de lo real, y en ella se constituye en sujeto de conocimiento por su posibilidad de autorrealización, que significa obviamente autonomía, pero también dependencia, de las múltiples determinaciones -de lo real, lo dado, lo existente, lo que está ahí -, que lo atraviesan. Esta complejidad de lo real, con la que el sujeto se relaciona en su acontecer histórico se constituye en "su mundo", es decir en su horizonte de sentido y significado posibilitándole constituir la génesis de su ser y conocer. Por las múltiples determinaciones de su mundo, debe trabajar para construir, deconstruir y reconstruir su autorrealización autónoma. Ello implica movimiento, actividad e intercambio, precisamente para ser autónomo hay que depender del mundo exterior, y esta dependencia no es sólo energética, sino también informativa.
En estas actividades el sujeto se relaciona simultáneamente con "lo otro" y "los otros" construyendo situaciones relacionales con el mundo exterior y con los sujetos entre sí. En este sentido, se puede afirmar que se trata entonces, de una práctica social en la que se ponen de relieve tres modos de relación: los modos de trabajar, los modos de conocer y los modos de ser. Esta búsqueda de autorealización, el sujeto la concretiza a través de procesos de internalización y externalización y la traduce en símbolos, signos, palabras, datos, acciones y actuaciones, en un constante interjuego con el mundo interno y el mundo externo. Esta dinámica de acción le posibilita ponerse en el centro del mundo, de su mundo, del mundo que conoce, para tratarlo, para planificar acciones de conservación de su vida, de protección, de defensa de interacción con otros, de producción de lenguaje y cultura. En estos actos, es donde la noción de sujeto está indisolublemente unida a ellos, en los que no sólo se es, la propia finalidad de sí mismo, sino que también, se es autoconstitutivo de la propia identidad en un espacio, en un tiempo y con los otros.
Tiene pues el hombre como sujeto de conocimiento la posibilidad de ser subjetivo y al mismo tiempo de objetivar su subjetividad a través del lenguaje en un encuentro con la subjetividad del otro, constituyendo de ese modo el nosotros. Esta posibilidad está unidad a la libertad de y a la libertad para constituirse en sujeto autónomo trascendiendo las múltiples determinaciones de la compleja trama de la realidad social. El conocimiento de sí mismo, de los otros, y del mundo, permitirá a cada ser humano constituirse en sujeto en cada época histórica y en cada cultura de manera singular, única e irrepetible, en un proceso dialéctico de encuentro con el mundo material, social y cultural; en aras de una construcción intersubjetiva del nosotros con notas de identidad propias y no ajenas e impuestas.
En este sentido, ha de reconocerse que el hombre es un producto social, y al mismo tiempo, un productor de lo social, y asimismo la sociedad, es el producto y la productora de las interacciones de los hombres entre sí, y de los hombres con la realidad. En ese espacio de interacción, el sujeto social toma conciencia de sí mismo, es decir de su propia identidad, a través del instrumento de objetivación que es el lenguaje.
Aparece entonces, la conciencia de ser consciente y la conciencia de sí afirmándose como sujeto cognoscente frente a un objeto de conocimiento en una relación dialéctica de mutua interpelación, en donde por momentos la interpelación está en la Tesis, en otros en la Antítesis y en otros, en la Síntesis provisoria, en forma claramente inseparable de la autoreferencia y la reflexividad.


http://contexto-educativo.com.ar/2003/1/nota-01.htm

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